La familia García Viadero empezó en La Rioja su vocación bodeguera en 1980. Gregorio García Álvarez elaboró su primer Rincón de Navas con el exquisito y único fruto de los más viejos viñedos de Rioja. En la actualidad la Bodega Valgrande está situada en el corazón de la Rioja Alta en San Vicente de la Sonsierra, donde una limitada selección de Rincón de Navas Crianza y Rincón de Navas Reserva se crían con las más cuidadas maderas dando como fruto un exclusivo Rioja de artesana elaboración que consigue que la uva tempranillo alcance su máxima expresión.

 

La Rioja Alta es la región más occidental de la comunidad autónoma de La Rioja (España).La comprenden los municipios situados junto a los cauces de los ríos Tirón, Oja y Najerilla, es decir, las comarcas de Haro, Santo Domingo de la Calzada, Ezcaray, Nájera y Anguiano. Estos territorios limitan al norte con la margen derecha del río Ebro, al este por la Sierra de Moncalvillo y Sierra de Camero Nuevo, por el sur con la Sierra de Castejón y los Picos de Urbión donde comienza la provincia de Soria y por el oeste con la provincia de Burgos.

La Rioja Alta ocupa la mitad oeste de la Denominación, y la Rioja Baja la mitad este. La Rioja Alavesa se encuentra al norte de la Rioja Alta, entre el río Ebro, que constituye su frontera sur, y la Sierra de Cantabria, que la resguarda de los vientos del norte.

En conjunto, la Rioja Alta y la Rioja Alavesa poseen un clima con influencias mediterráneas y atlánticas, mientras que en la Rioja Baja predomina el clima mediterráneo, más cálido y seco. Estas diferencias se aprecian fácilmente en el paisaje y la vegetación, aunque dentro de cada zona se dan diversos microclimas en función de factores como la orientación solar o la mayor o menor exposición a los vientos.
 

Los suelos son también relativamente variados, con predominio de tres tipos: arcilloso-calcáreos, arcilloso-ferrosos y aluviales. En la Rioja Alavesa, de relieve accidentado, son características las viñas de pequeño tamaño, ubicadas en terrazas y pendientes suaves, con suelos arcilloso-calcáreos. La Rioja Baja es más llana, tiene viñedos más extensos y mayor cantidad de suelos aluviales. La Rioja Ata reúne características de las otras dos zonas, con suelos de los tres tipos y microclimas variados. Algunos de sus municipios se sitúan al norte del río Ebro, junto a los alaveses.  

No todos los suelos sobre los que se cultiva la vid en Rioja son iguales. Existen suelos muy diferentes pero los más importantes son tres a los que denominaremos: Arcillo-calcáreos, Arcillo-ferrosos y Aluviales.

Entrando en la Rioja como lo hace el Ebro, por las Conchas de Haro, podemos apreciar a la izquierda viñedos que se apoyan en suelos ocre-amarillentos, escalonados desde la Sierra de Cantabria hasta el Ebro. Es la Rioja Alavesa y son los terrenos Arcillo-calcáreos. Enfrente, a nuestra derecha, se alternan valles y montes poco elevados, suaves y redondeados. Los valles son del río Oja, del Najerilla, del Iregua, del Leza y del Cidacos. En las llanuras de estas riberas existen viñas. Son estos los terrenos Aluviales. Las pendientes que limitan estos llanos, suelos netamente rojizos, constituyen los suelos Arcillo-ferrosos.

Aún podríamos distinguir otros diez tipos de suelo, pero ya son de menor importancia desde el punto de vista vitícola.

Pero no sólo es el color y el relieve, escalonado, alomado o llano, lo que diferencia a los suelos, sino también su estructura interior, arcilla, arena, roca, piedras, etc., de forma que el desarrollo de la raíz, su crecimiento y su expansión viene condicionado por estos factores.

Imaginemos el camino de estas raíces. En los suelos Arcillo-calcáreos, los ocre-amarillentos, una vez plantado el "barbado"éste va soltando raíces que progresivamente van alcanzando extensión y profundidad hasta que, llegada esta penetración a un metro aproximadamente, aparece primero roca disgregada y más abajo, poco más, roca compacta. Las raíces penetran fácilmente entre esta roca disgregada y buscan entre la compacta una fisura para atravesarla hacia mayor profundidad. Suelen encontrar esta fisura y la misma raíz, al engrosar dentro de esta grieta, va aumentando el tamaño de la oquedad. El contacto entre raíces y roca no perjudica a la planta.

En los terrenos marrones, los Arcillo-ferrosos, una vez puesto el "barbado", el desarrollo y penetración de las raíces es lento, pues se trata de una tierra compacta, muy arcillosa. Sin embargo, apenas existe posibilidad de que alcance zona rocosa. Pero si la raíz llega a la roca entonces ya constituye una auténtica barrera, puesto que suele tratarse de roca muy dura y sin grietas.

Puesto el "barbado" en suelos Aluviales, los suelos de los llanos de las márgenes de los ríos, éste lanza sus raíces en extensión y profundidad encontrando tierra suelta y cantos redondeados de pequeño tamaño. Sin embargo, llegadas a un medio metro tropiezan con una costra blanca, algunos la llaman "toba", netamente caliza que impide ser atravesada por la raíz por su dureza, por la falta de grietas y por soltar una sustancia, la caliza activa, que tiende a desecar las raíces. Por ello la raíz se extiende a poca profundidad, siendo muy sensible a las sequías y a los encharcamientos.

Sin embargo el uso de tractores ha facilitado que al realizar la plantación se pueda romper esta costra y consecuentemente en esos casos la raíz penetra en profundidad indefinidamente, encontrando zonas de canto y gravas alternadas con otras de arenisca suelta.

Podemos preguntarnos qué terrenos son los mejores para la calidad del vino. La contestación simple es difícil, pero entendemos que estos terrenos óptimos son los Arcillo-calcáreos que ocupan prácticamente toda la Rioja Alavesa y de Logroño, términos de Fonzaleche, Sajazarra, Villalba, Briñas, Haro, Briones, Ollauri, Rodezno, Cenicero, Fuenmayor, San Vicente, Abalos, San Asensio y Uruñuela.

No obstante, en los otros suelos también existen viñedos que alcanzan gran calidad en sus caldos, como son los de Trigo, Cuzcurrita, Huércanos, Cordovín, Badarán, Ausejo, Tudelilla, Aldeanueva y San Adrián, entre otros muchos.

Pero aun siendo muy importante el factor suelo, está íntimamente ligado a otro factor, el clima.

La Sierra Cantabria protege los viñedos de Riojalta y Alavesa de los vientos frios del norte

La Rioja, climáticamente, la definimos como "la punta de flecha de la luminosidad mediterránea en la bruma cantábrica". Es una zona de luminosidad muy septentrional dentro de nuestra península, pero a su vez tiene otra característica singular y es que a través de la zona vasca, que es la región cantábrica de montes menos altos, recibe los vientos del océano con mucha más facilidad que otras zonas del interior a las que se los interceptan los Picos de Europa o los Pirineos.

Y recibir un viñedo los vientos del océano Atlántico con facilidad supone un soplo de evidente calidad, puesto que también los recibe Jerez, Oporto, Burdeos, Rhin, etc. En este sentido el viñedo de Rioja es una feliz conjunción de clima atlántico y mediterráneo.

Dentro de la misma Rioja los escalones de clima son muy variados y la simple observación de los cultivos nos da idea de ello, puesto que desde Haro hasta Alfaro se escalonan los límites de cultivo de vid, almendro, olivo y melocotonero. Los datos concretos son:
 

Localidad

Lluvia anual

Temperatura media

Horas de sol

Haro

499 mm.

12,7° C

1.977

Logroño

390 mm.

13,1° C

2.150

Alfaro

284 mm.

14,4° C

2.385


La viticultura conjuga estos datos mediante el "índice bioclimático" que tiene en cuenta las temperaturas activas, las de más de 10°C, los días de iluminación y la lluvia, todo ello referido a los 190 días que van desde la brotación anual de la vid hasta la vendimia. Y de este modo, este "índice bioclimático" nos da para la Rioja Alta un valor próximo a cinco, un poco mayor, sin llegar a seis para la Rioja Alavesa y próximo a nueve para Rioja Baja. Hemos de pensar que valores entre cuatro y siete son los óptimos para vinos finos de mesa. A valores inferiores se originan chacolís y a superiores vinos no finos.

La forma más aparente de influir el clima en los vinos es en su grado alcohólico. Cuanto mayor sea el calor y la luminosidad, la uva contiene más azúcar y por lo tanto el vino será más alcohólico.

 

Pero un vino fino como lo es el Rioja, no se puede valorar por su contenido en alcohol, sino por su color, su paladar y aroma, lo cual en cierto modo es opuesto al contenido de alcohol. Así los vinos finos enbotellados de Rioja suelen presentar valores de alcohol entre doce y trece y medio grados.

Lo que hemos hablado hasta aquí de clima se refiere a clima de posición, de la situación de las viñas. Sin embargo, existe un clima de variaciones anuales que hacen que en buenos viñedos unos años sea muy buena la cosecha de uva y otros que sea deficiente por cantidad o por calidad. De estas variaciones, las más importantes son la heladas, los vientos y las lluvias.

No nos referimos al hablar de las heladas, a los fríos de invierno, sino a las temperaturas inferiores a cuatro grados que afectan a las viñas en primavera o en otoño. Estos fríos cortan la vegetación de la vid y producen, por tanto, vendimias verdes y de baja calidad. Cuando en mayo o junio ocurren de forma insistente estos fríos de menos de cuatro grados, se puede vaticinar una cosecha de vino de baja calidad.

Un exceso de lluvias provoca riesgo de ataque de una peligrosa enfermedad de la vid, el mildew, y de mohos en los racimos. Los vinos entonces son pobres en calidad.

Es importante entender que el vino de Rioja es un producto de unas condiciones de clima muy precisas y por lo tanto, para el cosechero riojano es constante el riesgo de una cosecha deficiente. Y si bien todo el vino de Rioja es en todos los años de cierta calidad, sin embargo, tan sólo algunos años el clima permite una extraordinaria o excelente calidad apropiada para constituir vino "reserva" o, dicho de otro modo, vino de condiciones para un envejecimiento durante muchos años.