
Antiguamente encima de lo que hoy es la bodega, en la cima de la colina, había una vieja construcción de campo, una tenada, donde se refugiaban los pastores con el ganado y aprovechaban las noches de invierno para hacer tertulias filosofando sobre la vida en torno a un buen vino. Allí compartían las viandas que cada uno tenía y sus pensamientos. Hemos querido mantener esta tradición, reconstruyendo, en 2009, aquella vieja tenada donde hoy brindamos la posibilidad de compartir momentos y buena compañía en torno al vino. Es un lugar de piedra y madera, cálido y sosegado desde donde se ve el lánguido paisaje de la Ribera.






